Biografía de Nuestro Santo Fundador

Datos biográficos de Santo Tomás de Villanueva (1486-1555)

 

Tomás García Martínez, Santo Tomás de Villanueva, nace en Fuenllana (Ciudad Real) a finales de 1486, pero pasa su infancia y adolescencia en Villanueva de los Infantes, donde sus padres tenían hacienda y solar.

 

A la edad de 15 o 16 años, sus padres le mandan a estudiar a la Universidad de Alcalá, a donde llega "con los buenos principios de 'latinidad' que traía de su tierra"!.Cursa estudios, como colegial prebendado del Colegio Mayor de San Ildefonso, fundado por Cisneros, en la Facultad de Artes, graduándose de Maestro en 1509. En el curso 1509-1510 comienza los estudios de teología en la Universidad de Alcalá. Doctorado en esta disciplina (1512), ejerce como catedrático de Artes (tres años y medio) hasta su salida a Salamanca.

Alguien ha dicho que así como "sin Alcalá la figura de santo Tomás de Villanueva es impensable", también cabe decir que "Alcalá quedó marcada para siempre con la presencia y el

buen hacer de Tomás García Martínez".

 

Gracias al impulso del cardenal Cisneros y de los Reyes Católicos, la Iglesia de España conocía entonces un proceso de renovación y reforma, que afectaba a la vida religiosa y a toda la vida de la Iglesia. Sin ese contexto difícilmente se comprendería el florecimiento de obispos que fueron verdaderos pastores en sus diócesis, y de religiosos que se distinguieron por su santidad y celo misionero.

 

El verano de 1516 llegó Tomás a Salamanca y se dirigió directamente al convento de San Agustín, casa insigne de la Orden agustiniana, memorable entonces por los "santos y sabios"

que vivían en ella. Iniciado el noviciado en 1516, hace su profesión religiosa el25 de noviembre de 1517, y se ordena sacerdote un año después (diciembre de 1518).

 

Tiene, pues, 32 años, se encuentra en plenitud de facultades, está hambriento de Dios y de santidad, en plena disponibilidad para el servicio. Muy bien formado como universitario, religioso ejemplar en todo, pronto se distinguió por su prudencia,autoridad y, sobre todo, por el celo en el ejercicio de la predicación.

Llama la atención que con esta edad inicie la "carga" de puestos de responsabilidad en su propio monasterio, en la Provincia y en la Orden. Veamos casi en esquema este ininterrumpido

"curriculum":

 

1518: Profesor de Teología del convento de Salamanca.

1519-1521: prior del convento de Salamanca, "cinco meses después de ser ordenado de sacerdote";

1520: Presidente del Capítulo provincial de Castilla, por delegación del P. General de la Orden;

1521: Vicario provincial de la provincia de Castilla;

1523-1525: reelegido para el cargo de superior en la comunidad de Salamanca;

1525-1527: Visitador de la provincia de Castilla;

1527-1529: Primer provincial de la provincia de Andalucía, después de la división de provincias decidida en el capítulo de Dueñas;

1531-1534: Superior del convento del Santo Cristo de Burgos;

1534-1537: Provincial de Castilla; promoverá el envío a América de misioneros, "religiosos santos, sabios y que quieran ir", como pedían el general de la Orden y los reyes de España;

1536: Visitador inquisitorial de las librerías conventuales;

1538-1541: Nuevamente prior de Burgos;

1541-1543: Prior del convento de Valladolid.

1543-1544: Revisor de las Constituciones de la Orden.

Sin duda, tuvo que ejercer tan continuadas responsabilidades con mucho tacto y autoridad, con mucha entereza, con mucha santa y sabia prudencia.

El 26 de junio de 1544, Carlos V le nombra arzobispo de Valencia, cuya sede llevaba "ciento y once años sin ver la cara de su pastor". Gracias a la reforma en marcha dentro de la Iglesia ya no se buscaban sedes episcopales para premiar con sus rentas a los designados, que frecuentemente acumulaban beneficios y vivían lejos de su diócesis, sino que se nombraban pastores santos, a medida de lo que necesitaban las sedes. "Que el pastor esté en Chipre y las ovejas en Lusitania,

decía Sto. Tomás en uno de sus sermones (cf. n. 13 71 de esta Antología), es algo intolerable". La situación de la diócesis de Valencia era realmente preocupante. Basta leer la radiografía

dura pero real que hace en los números 1306-1458 de esta Antología y fácilmente comprenderemos los sentimientos de su corazón: "¡Oh la reforma de la Iglesia, por largo tiempo

deseada y nunca emprendida! ¡Oh, quién me diera verla con mis propios ojos antes de morir!" (cf. n. 1347).

Se vaciará y consumirá, como vela luminosa y ardiente, en los once años de su episcopado en tres tareas primordiales:

 

renovación espiritual y moral de la diócesis, convocando un sínodo en 1548, la fundación del Colegio-seminario de la Presentación (1550) para preparar sacerdotes santos y sabios, y la evangelización de los moriscos conversos del Reino de Valencia.

 

Al mismo tiempo, predicaba incansablemente al clero y al pueblo, en conventos de religiosas y en pequeñas capillas, a pesar de que hubo momentos en que siente "estar trazando surcos en el mar o dando palos al aire" (cf. n. 1449), o que se le haga insoportable el peso de tantos pecados y "desee

escapar a la soledad de su celda o a una cueva en los montes" (cf. n. 1450). Predica, enseña, corrige, defiende con valentía los derechos de la Iglesia y, sobre todo, derrama su entrañable caridad para con los más pobres y menesterosos que acudían a las puertas del palacio episcopal.

 

Genial y clarividente fue la creación del Colegio de la Presentación, modelo adelantado de los seminarios diocesanos que nacerían de Trento. Estaba destinado "para estudiantes pobres", para que en él "sean alimentados y enseñados con toda honestidad, santidad y temor de Dios ... y con su ejemplo y doctrina la diócesis de Valencia sea ayudada en el gobierno de las almas y predicación cuando salgan de dicho Colegio". La lectura de sus Estatutos puede resultar hoy gratificante y

orientadora para muchos rectores de Seminarios.

 

Una espina que no logró del todo arrancar en su celo apostólico fue la catequización y perseverancia de los moriscos en la fe católica, muchas veces impuesta a la fuerza. Exponía a la autoridad del virrey o del emperador o del rey la situación de abandono en que se encontraban, solicitaba ayudas de otros clérigos, cedía derechos y competencias en otros obispos, y rezaba de corazón por su salvación.

 

Tomás de Villanueva, arzobispo, físicamente débil y enfermo crónico, que tanto había ansiado la celebración de un Concilio para reforma de la Iglesia in capite el in membris, no pudo asistir personalmente, a pesar del interés que reiteradamente manifestaron el emperador Carlos V y el rey Felipe JI, en parte por la necesidad de su presencia en la reforma iniciada después del Sínodo de 1548, pero más por la flaqueza y desgaste físico causado por sus enfermedades. Para evitar malentendidos puede leerse la correspondencia relativa a este tema, así como los informes de los médicos que cuidaban de su salud en el tomo X de las obras completas publicadas por la BAC.

 

Es santo Tomás un hijo predilecto de la Iglesia y de la Orden de San Agustín. Fue siempre un hombre de Dios, empeñado en cuerpo y alma en su servicio, luchador denodado de la verdad,

que hizo de su vida un don; don que se hacía visible en la justa distribución de los bienes y rentas del arzobispado a los más menesterosos de Valencia.

 

Escribió mucho, sobre todo sermones (más de cuatrocientos), pero no publicó ninguno en vida. Fue a partir de 1572 cuando se publican en Alcalá una selección de sus canciones o sermones, ampliándose el número de sermones en las ediciones de Bruselas (1685-1703), Salamanca (1761-1764) y Manila (1881-1897). En la edición crítica y bilingüe que está publicando la Biblioteca de Autores Cristianos - la más completa hasta el momento - su obra comprenderá doce gruesos volúmenes.

 

Esta Antología de textos que ahora tienes en tus manos es como una acequia que abre un camino para entrar en el gran río de su sabiduría y bien decir. Es, por así decirlo, como el principio de una fuente de aguas vivas que pueden brotar en tu corazón, dejarte llevar por la corriente y quedar embebido por la mística de su palabra y de su vida. Santo Tomás de Villanueva murió "con la mirada puesta en el santo crucifijo" en la madrugada del día 8 de septiembre de 1555. Fue enterrado en la iglesia agustiniana de Ntra. Señora del Socorro "con una simple losa encima", y más tarde trasladado a la iglesia catedral.

Según la descripción del P. Salón: "Fue este bendito Padre de mediana estatura, el rostro un poco moreno y aguileño, las mejillas un poco encendidas, los ojos zarcos, el semblante muy modesto y pío, juntamente grave y de mucha autoridad, bien complexionado, colérico sanguíneo n.

 

Declarado beato en 1618, fue canonizado por el papa Alejandro VII en 1658, en la festividad de Todos los Santos. Solo falta para su glorificación un título: ser nombrado y enaltecido como Doctor de la Iglesia, que Dios quiera llegue pronto, pues bien lo merece su santidad y doctrina, la Orden agustiniana, la Iglesia de España y toda la Iglesia santa de Dios.

 

Laureano MANRIQUE, agustino

 

Publicado en: Santo Tomás de Villanueva. Antología de textos. Madrid: Fundación Universitaria Española, EDES, 2011. P.11-16